
En el nuevo paradigma, el dolor no consiste solamente en un “problema del cuerpo”, sino en un problema de todos los sistemas que conforman nuestro organismo. Los impulsos sensoriales que se originan tanto en la superficie como en el interior del cuerpo son transmitidos a través de fibras nerviosas hasta el cerebro, donde son grabados y traducidos como “dolor”.
Ello debe producirse antes de que el organismo los considere dolorosos. Sin embargo, existen en el interior del cerebro y del sistema nervioso central rutas bien conocidas a través de las que unas funciones cognitivas y emocionales más elevadas pueden modificar la percepción del dolor.
La perspectiva que sobre el dolor tienen los sistemas deja la puerta abierta a numerosas y diversas maneras de utilizar la mente para, de forma expresa, influir en la experiencia del dolor. Por eso la meditación puede tener tanta importancia a la hora de aprender a vivir con el dolor.
Así que, si un médico nos sugiere que la meditación podría ayudarnos a tratar nuestro dolor, no quiere decir que éste no sea “auténtico”. Lo que quiere decir es que nuestro cuerpo y nuestra mente no son dos entidades separadas y distintas y que, por tanto, el dolor siempre contiene un componente mental, lo que significa que siempre podemos influir de alguna manera en la experiencia del dolor movilizando los recursos internos de la mente.
Bajo la guía de un maestro certificado de Mindfulness (CMT-P) es posible entrenar la mente para confrontar diversos casos de dolor incluido el dolor crónico.
Consulte sobre las diversas sesiones privadas Mindfulness para estas situaciones.


